lunes, 24 de septiembre de 2012

La lealtad de lo perros


Cada día, siempre a la misma hora, él salía, casi a oscuras el cielo, presto a recibir los primeros sonidos de la calle. A lo lejos, los ladridos de su perro blanco, cada día, le apretaban el alma. Byron, mirada leal, siempre ladraba a esa hora, aunque él ya no estuviese en el patio para acariciar su cabeza, mientras su mirada se perdía en el aire, buscando eso que siempre miran los perros y los humanos no ven. Entonces recordó, con dolor, el tacto de sus orejas, la tibieza de su presencia luminosa, las losas pétreas del patio y las sombras ya distantes.
Había perdido tantas cosas. Su dolor, apenas contenido, era enorme. Pensaba en el animal, que iluminaría otros pasos y sería feliz, con la practicidad de la naturaleza, lejos del discurso de los hombres.
Entonces, al recordar la mirada del perro, supo con certeza, que debía seguir adelante, siempre adelante.

1 comentario:

  1. Daniel, debes recordar poner título a las entradas que creas para que no aparezca en el reader como "sin título". :)

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