lunes, 24 de septiembre de 2012

El sur, otro cielo.


Otro cielo

                        Volví después de mucho tiempo. Todo, o casi todo, había cambiado. El patio ¿lo recuerdas? En él se erguían dos arboles. Hoy, solo queda el recuerdo de uno. Al entrar, por mi brazo izquierdo subía la memoria; por las viejas puertas, entraba la memoria. Y por aquel oído tuyo, ciego, la memoria urdía albores sin fatiga. Soy otro, no el que era entonces. He vuelto, pero mis pasos ya no silban. Ya nadie me conoce y todas las paredes han vestido otros sonidos. ¡Cuanto tiempo ha pasado! A veces, o siempre, el dolor es injusto. Que alma, que olor, que vista tan empozada abarca esta noche, toda esta distancia, veraz, certera, que nos separa. Busco, ando, camino las esquinas más lejanas. Veo una luz distante. Detrás de ella, el filo inmenso de tu risa, la pasión blasfema del sudor. Las piernas, las manos, las puertas, las bisagras, el viento, el cielo.

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