viernes, 13 de febrero de 2015

LA MEMORIA, OTRA VEZ


A mi Abuelo, Juan Santo González.

En el vientre de los brotes 
nacen rayos de luz,
que enamoran sin tormento

la capa de la noche.
 


También, y casualmente, 
germinan las semillas,
las letras que se fueron derramando

por mis dedos, 

HAY un huerto vacío, 
un limonero y los astros.
Más allá, está el naranjo, 

el níspero perdido,
y un país plagado de esperanza

e ignorancia, de gorjeos matinales
como agujas.
 

Porque después, no hubo nada. 
Nada, salvo el silencio de la siesta, 
atravesado por el canto del Crespín,
donde un rostro se refleja.


¿Y mis ojos? 

Mis ojos miran el fondo
de un tanque de fierro oxidado, 

que guarda en el agua de lluvia,
una colonia de larvas que brillan.

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