martes, 8 de abril de 2014

LA ESPADA

Miles de palabras abren su boca
en mis manos, ansiosas por saltar al 
vértigo del cielo, recostado en
el reflejo violáceo de la tarde.
 

Miles de recuerdos abren ojos en
mi frente, ansiosos por actuar 
templando las palabras, que discurren
por la espalada, viajera de la sombra.
 

Cientos de cajones, de objetos sin
oficio, llenan los pasillos de la
casa que enloquece de vacío.

Es la hora de vestirse el cuerpo 

de esperanzas, hora de soñar con 
un mañana venturoso, de cerrar
y abrir los brazos para que el aire 

luzca breve en esta última morada.

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