domingo, 21 de abril de 2013

LAS PUERTAS



He cerrado los ojos para ver el patio.
El verano, pedernal candente,
todo lo abarca, tendido sobre el césped,
como un manto que arde de locura.
Tu miras los rosales en silencio, madre mía,
y tu perfil, recto, blanco, se recorta contra el muro,
Que es verde, como las hojas.
Esa puerta, se ha cerrado.
Y de nuevo cierro los ojos, para ver,
esta vez, el otro patio,
que está lejos, querubín,
anidado en tus manos de pan,
que elevan dulces mi semblante
sumergiéndome en tu aroma,
hijo mío;
en el Amazonas de tus ojos.
Esa puerta nunca cierra
y aúlla
invocando mis manos,
en su quehacer de alas que liberan.
Jamás la cierres.
Estaré a tu lado sin reservas
en mi humanidad
probablemente limitada.
-¿Sabes? En ocasiones imagino que los años han pasado, que soy aún más viejo, y estás en el lienzo onírico, con tus manos de pan y el Amazonas de tus ojos; imagino que no estoy solo, que existen otros patios y otras puertas. Entonces todo lo que he visto y sentido, cada letra, cada nota, cada abrazo y cada beso, no habrá sido en vano, ni se perderá en el cosmos, para siempre -

2 comentarios:

  1. Cuánta belleza hay Daniel en este poema! no solo en su formato y calidad lingüística, también en lo que nos toca. El perfil recto y blanco de la madre ha irrumpido con fuerza en mi memoria...
    Acude a esa cita y abraza esos rosales.
    Y vuelve renacido y poblado de palabras.

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  2. Gracias. Es de las primeras entradas que hice, pero ahora ya está trabajada en metáforas y lenguaje. Mucho más rica y potente. Me gusta. A ver si hay suerte :)
    Besos

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