miércoles, 6 de marzo de 2013

SUCESOS


Ocurre a veces que dejas de sentir algunas cosas que estaban ahí, que parecían inapelables, absolutas. Sucede que puedes moverte en ese espacio en el que un milímetro marca la diferencia entre hacer un viaje al África o tomar un café con un amigo. Entre reír a puerta abierta, o llorar a mares, a océanos. Nadie puede hacer esto por nosotros, ni abrir nuestras puertas, porque cuando pienso estas cosas, mi dedo índice dibuja el perfil de tus labios, como solo yo podría hacerlo. Porque también es posible que justo en ese instante, tu dedo índice dibuje el perfil de mis labios, o de otros labios, como sólo tú puedes hacerlo, andando y desandando la geografía del hilo rojo imborrable que nos mantiene alerta, cada vez que cerramos los párpados, para vernos.

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