jueves, 20 de septiembre de 2012

LA HISTORIA FUTURA

Es el mediodía, en un bar cualquiera, de la ciudad que fue nuestro patio privado.
Te he visto: primero los ojos, después los labios y en un eterno “por fin”, el cuello. Desde ese instante, en mi caja secreta, ya no caben más rostros que el tuyo. Eres, ante mi humilde posición, la mujer más bella del universo. Y eso no lo dicen mis labios, tanto como mi cuerpo, en su noble integridad.
Entonces, la tarde, el resto del día, serán, mágicamente propios de un solo ser: tu mirada y la mía. Además, como si esto fuese nimio, caminas de tal forma, que tu cuerpo ya no puede ser más que mi propia morada. Es mi deseo y también, el tuyo
Me siento extraviado, embriagado por sensaciones que me hacen temblar, de miedo y anhelo: el deseo de ser en ti, una y otra vez.
Cierro los ojos, mientras mi brazo rodea tu talle, que se estremece. Entonces, de inmediato, me retiro, como un soldado que despavorido, huye a refugiarse en el umbral, que bien sabe, traspasarás de todas las formas posibles, una y otra vez.
Te veré ayer, mañana, y el próximo día llegas, casi corriendo, y en un instante, nos fundimos en un abrazo que me permite sentir el torrente carmesí que te hace ser como eres: a mi ámbar descalzo, la mujer más bella del universo.
Luego, mientras hablamos, me miras, con ansia, y de repente tu boca se ha fundido en la mía: bella confluencia de una ría y el océano. Lo sé: definitivamente, ya no hay vuelta atrás y entonces salto si meditarlo. Ya no seré, como desde la primera vez, capaz de hacerlo, porque desde mi conciencia lejana eres, la mujer más bella del universo.
Entonces entramos en la penumbra de tu lecho umbrío, en el que espero, tendido de espaldas, mientras tus líneas me dibujan la espalda, los brazos y las manos. Diana Krall canta una y otra vez “A Case of You” Estoy aterrado, porque para mi cada vez más preciso entender, eres la mujer más bella del universo.
Así, tu ciudad fue la mía. Tu deseo, el mío. Tus labios, los míos, mientras anduvimos, rozando nuestras manos, por el paseo arbolado.
Todo esto lo escribo, aunque de todas formas no vaya a olvidarlo jamás, porque últimamente, y en tu ausencia sideral, mi memoria quiere, intenta ser selectiva, porque a todos los efectos, para ella, has sido, mañana, la mujer más bella del universo

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