lunes, 6 de abril de 2015

VÉRTIGO Y ESPERA.

EL Vértigo, materializado en pájaros negros, azules o blancos, se abisma, y cubre todo el cielo,
la tierra, transitada por las máquinas del hombre.

EL vértigo, se estrella contra el cielo, 
que no acaba en ningún sitio, sólo gira en la red
universal del pensamiento, del frío destino
de los que han enloquecido en la salvación
de las nubes, que pasan y pasan, recias,
impregnadas de sal, de maleza y hojarasca.

A veces, pienso, pienso circularmente,
en la bendición de la locura, del no saber
ni recordar más, las heridas de mi cuerpo,
la mutilada piel de mi memoria,
que hoy, ante el vértigo, quisiera perder,
sin remedio.

Entonces muchos rostros me observan,
acongojados por el vértigo y mi lente.
Soy, tal vez, el portador de algún mensaje,
el triste afecto sin amores, la maldición
de alguna gema, que se entierra en la garganta.
Uno, a pecho abierto, sufre de cansancio,
de sulfuro pretérito, de solo estar, sin habitar
en otro cuerpo, aunque alguien, día y noche,
llore en mí sin remediarlo, sin dignidad
llora en mi, y me dispersa en la muerte
que se acerca lenta, en compás interminable,

Tal vez, quien llora soy yo, 
despojado de mi dermis, del frío, y por fin
de la nostalgia. De la tristeza y el pasado.
El futuro es la daga, que por fin,
redondeará por mis entrañas.
Entonces, me siento a esperarte.


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