miércoles, 28 de enero de 2015

EPÍSTOLAS

EN aquel entonces amaba
al son del ojo líquido del tiempo
adhiriendo luz bajo tus ojos
donde sólo volaban las palomas.

Amaba tal vez erróneamente
sin saberlo
hiriendo las acequias de tus manos
que anidaban en mi espalda cada noche.

Amaba aquel vapor que asciende
de la lengua flameantes de los perros
cuando ladran los cuchillos del invierno.

Y con el fuego del acero
me declaraba libre de adjetivos
libre del rumor de los ausentes.

Amaba con miedo tus lugares
tus cartas censuradas por los brujos.
Amaba las letras llegadas de mañana
los dibujos al carbón
y las caricias de tus frases clandestinas.
 
Amaba los sobres enmarcados por banderas
los sellos manchados por la ira de la tinta
negra tinta sobre flores de lapacho.

Amaba tus cartas
hermana
escritas desde el pozo de tus luces
y enviadas con el ansia del que espera.

Pero posiblemente
lo que amo de verdad y sin mesura
es el hecho de haberme iluminado
en los tiempos del miedo y las mordazas
cuando la lluvia llegaba por las tardes.

A mi hermana Liliana Inés Gonzalez Soria

Jorge Daniel Gonzalez Soria

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