lunes, 3 de noviembre de 2014

TANGO OCTAVO

Dónde se quedaron la música,
los martillos,

el paso de las nubes.
Dónde el eco de los rayos,
el metálico ruido de Septiembre,

y la nación de tus fantasmas.

Un sonido azul asciende desde
el abismo de dos cuerpos turgentes, 
trenzados en la esquina
de un café sin firmamento,
de compás eternizado, circular.

El ocaso, sube desde el horizonte
tamizado de sangre y rumor,
de gente que desaparece o se ríe,
detrás de los cristales empañados,
atomizados por el aire de tu voz,
que ya no está, ni volverá.

Bajo por esa calle que yo me sé,
errático, con pasos de brújula herida,
con alas de gorrión ciego,
perdido en la ola brutal de la masa
que camina y se pierde, que desaparece
siempre en la misma esquina,
sin dejar rastro.
 

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