sábado, 29 de marzo de 2014

LEJANÍA

VIAJANDO por tu eternidad, encontré
valles umbríos y cimas arrasadas
por el viento que asola mis entrañas
si la opacidad yace en mi mesa.

El golpe brutal de tu grito me detiene,
sobrevolando las costas, los esteros,
la vanidad transigente de los bosques
y los ríos que deshacen los cordales. 

Así, inmóvil en el tiempo, retomo
mis papeles, las torres desentrañadas
a la corteza de los árboles negros.

Pero mi voz ya no alcanza y dejo
que la corriente se lleve mi ofrenda,
como una paloma entre los cerros.



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