jueves, 20 de marzo de 2014

EL NAUFRAGO


Estuvo perdido en su laberinto
durante muchos años,
hasta que sus pasos se convirtieron en pájaros,
y su mirada se hizo cuerpo de eternidad.


Y con la herida de cada amanecer
se preguntaba qué hacer,
cómo escapar de las sombras
o dormir sin tormentas.

Su corazón estuvo lleno de preguntas,
de mapas.
Se hizo trizas, hendido por las piedras,
cayendo sin asombro al cauce de la sangre.
 

También fue la casa de un amor sin aciertos,
lóbrego templo de un río que dormía.


Su corazón fue la puerta,
el tiempo las baldosas,
la nación de los árboles
y el canto de los gallos,
que se quedaron sin rostro
sin un mañana probable,
porque a la vuelta del tiempo
se fue quedando sin rimas,
sin notas

y se cerraron sus ojos.

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