domingo, 2 de febrero de 2014

VOLVER

AMANECE.
Puedo oír el cuerpo de la muerte
subiendo por mis huesos.
Al final
brevemente todo será
una parte costal de su estatura:

Mis pies
mis piernas
mi torso y mis libros.

Ya no poseo nada
más allá de estas hojas
que sin querer
están vacías
como la negación
de una diana convexa
presa del dolor
y de las nubes.

Bajo mis alas 
crece el vuelo del destino
de lo que ya no veré.

NO hay quejas.
Después de todo
he amado y me han amado
muchas veces

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