martes, 18 de febrero de 2014

EL CRISTAL ROJO

MIRO a través del cristal rojo del zaguán
y percibo la silueta de la gente que pasa
bajo la lluvia en una y otra dirección.
Mis dedos pequeños acarician los
bultitos rojos del cristal translúcido.
Están fríos ¿Sabes, Hermano?
Tengo frío detrás de la puerta de entrada,
del zaguán y del cristal de escamas rojas.

Mi cuerpo tiembla al pensarte desnudo,
jadeando como un pez en el barro,
sin poder respirar ni remitir los abrazos;
sin poder llorar ni descansar ya más.

Hoy llueve
y la gente va y viene como barcos sin timón
con la risa caída y la ropa solapada.
Alguien sin rostro se detiene ante la puerta
y dibuja un pez en el cristal.

Hermano:
Tengo tanto frío en esta casa,
que mi mis huesos quieren dejarme
y seguirte al pozo donde yaces,
desprovisto de nombre y de plegaria.
Pero sé que hay un lugar
donde ruedan las piezas de la eternidad
con un banco de madera
en el que sin pausa ni demora,
me esperas hace siglos.

No hay comentarios:

Publicar un comentario