viernes, 12 de abril de 2013

EL SOL Y LA LUNA















Tus manos giran dispersas sobre el mármol de la plaza, a esta hora del verano en la que el sol se desgrana, como un torrente de magma, sobre esta parte del mundo, en la que sobran disculpas y se presienten tormentas.

El hacedor de palabras, hoy sólo pare tristezas, que sin asombro visible va entrelazando a las horas, por ver si cambian de estado. El hombre, diestro en el oficio de tallar plegarias, sabe desentrañar rostros de entre rebaños de piedra. Pero hoy, cuando otra vez el sol lo enmudece, sólo mastica y silaba, solo, mastica y se calla.

Por otra parte, tu rostro estampa las flores que flotan sobre la charca, aniquilando despacio los epitafios perdidos. Tu rostro es, en el centro, la conclusión de los vientos, el sueño de los sabios, ajenos, a pesar de su sapiencia, al aroma azul de tus pechos, a la ferocidad de tu risa o a la estridencia de tu sexo, que se extiende lentamente, como un animal, sobre la vera del tiempo, donde el sol se desgrana, sobre la luna y su manto.

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