jueves, 14 de marzo de 2013

CUERPO DE DOS


Todos mis huesos son ajenos; yo tal vez los robé.

Cesar Vallejo






















Ella estuvo condenada a enamorarse una y otra vez del mismo hombre. De los mismos ojos, de los mismos labios y de la misma voz, que desde el brocal del pozo le decía: te amaré siempre. 
Pero siempre era mucho espacio a recorrer, cargando tantas incertidumbres y tristezas. El lo sabía y ella, también. También lo sabía. No obstante, al abrir los ojos había vuelto a reencontrar los sueños venideros, y de sus pestañas brotaban las caricias del hombre que por las noches, cada una de las noches, se tendía a su lado y la abrazaba, sin despertarla, hasta el amanecer. Mientras dormía le hablaba al oído nombrándole todas las verdades, las luces y las sombras de su alma. Ella soñaba con estas palabras, mientras él le acariciaba el pelo, envolviendo su cuerpo desnudo con su aliento oceánico. Le hablaba de sus viajes, de lugares extraños que ella traería a este lado, para que brotasen como esas semillas que germinan en un frasco de cristal. Desconocía la procedencia de cada semilla, pero se estremecía al ver cada tallo, cada raíz visible y los primeros brotes de hojas, íncubos del amor que él le relataba. Con el paso del tiempo las semillas fueron cientos, miles y de a poco poblaron los rincones de su casa. Estaban en los estantes, en las sillas y en su almohada. Por la noche brillaban como estrellas, por tanto, también fueron su cielo. 
Un día él dejó de abrazarla por las noches, y de hablarle al oído, y de acariciar su pelo. Entonces ella dejó de soñar, por lo que no hubo más semillas que germinasen en su casa. Cada mañana buscaba en sus pestañas, en su rostro vacío. Ahora vacío. Olía su cuerpo para recordar aquel perfume tan amado, pero todo, de repente, había desaparecido. Entonces no tuvo dudas: sin palabras, sin sueños, sin abrazo, sin amor, sólo quedaba el brocal yermo. Se acercó lentamente, con el convencimiento de que aquella mañana sería la última. Lo llamó una vez por su nombre, pero no hubo respuesta, salvo el eco de su cuerpo.

2 comentarios:

  1. Es importante saber, aprender, que toda condena, de una u otra forma, siempre acaba y depende de uno mismo.

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