miércoles, 14 de noviembre de 2012

Elegía III


El pensaba en alejar el dolor,mientras desandaba el sendero hacia el río.
De repente,al oír el sonido del agua,su vello se estremece,sus ojos se entornan y se cierran,
para poder escuchar mejor el latigazo de las breves olas contra las piedras marrones.
Acaso pueda,esta vez,dejar llover el dolor,desde las punta de sus dedos,
hasta el confín perenne de su frente arrugada.Acaso pueda decir:
shhhhhhhhhhhhh...no hables ahora,Hernán,no te dejes ver,para que nadie pueda alcanzarte,para que la inmortalidad de la columnas
amanezca otra vez en tu perfil derecho;para que por fin pueda protegerte,
abrazarte el alma y los huesos,que no son míos,porque tal vez los robé,para ti,
para por fin,poder enterrarte y llorarte a mares,diluviando el universo y la tierra.

No hay comentarios:

Publicar un comentario