domingo, 23 de septiembre de 2012

Los últimos veinte años.


Y, sin embargo, todo había terminado.
Él pensaba en estas cosas a menudo, mientras sorbía lento el paso de la siesta caliente.
Más allá los árboles, grisáceos por el polvo. Y más, más allá, las alas del deseo, su deseo de ella, la inconmensurable.
Le costaba recordar ciertas cosas, pero su mente era hábil en rellenar los huecos de la memoria, las urnas que iban quedando vacías con el paso de cada día. Pensaba, mientras sorbía la siesta, ahora tarde, en un campo lleno de urnas vacías, como el perseguidor, el mismo Charlie Parker, acongojando su raíz nota a nota. Pensaba en como esas manos apretaban su corazón ajado; se sentía cansado, harto de rodar como una hoja, sin rumbo. Entonces miró de nuevo al sur, y por fin lo supo, mientras sorbía la tarde lenta: todo había terminado. Debía entonces marcharse, antes de que lo sorprendiera el olvido de quienes había amado, aunque esto, irremediablemente, llegaría, como la muerte.


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