lunes, 24 de septiembre de 2012

Homenaje o, el ojo que mira el magma.

El templo sagrado



Él mira sus ojos de río. Huele el negro de su pelo, acaricia sus hombros y se estremece de placer.
Entonces ella abre los ojos, y también se estremece, mientras se sumerge en el ámbar de sus ojos otros: los de él.
Otra vez, también se tocan los párpados, durante ese instante del amanecer en el que todo sucede, una y otra vez, cada día.
Oyen las sirenas, los gallos a lo lejos; el ladrido de algún perro, que se perderá, como todo, en el tejido sideral de la memoria.
Él vuelve a recostarse, a inundarse de los pactos secretos del amor, del deseo. Sabe que la amará siempre, a escondidas, mirando desde el umbral, los abismos de su cuerpo, que son, desde hace días, su único hogar cierto, eterno.


Mi humilde homenaje a Luis Alberto Spinetta.



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